Aitana Bonmatí, la jugadora que convirtió el centro del campo en un arte
En una década ha pasado de La Masia a tres Balones de Oro consecutivos. Pero lo que hace única a Aitana Bonmatí no son los títulos: es cómo entiende el centro del campo.
Ver en la versión interactiva →Hay futbolistas que ganan partidos y futbolistas que cambian la forma de entenderlos. Aitana Bonmatí pertenece al segundo grupo. En poco más de una década ha pasado de ser una niña de La Masia a acumular tres Balones de Oro consecutivos, un hito que solo Messi y Platini habían rozado antes. Pero reducirla a sus trofeos sería perderse lo importante: lo que la hace única es cómo juega.
Nació el 18 de enero de 1998 en Sant Pere de Ribes, en el Garraf catalán. Llegó al Barcelona con trece años y subió al primer equipo siendo todavía una adolescente, al final de la temporada 2015/16. Desde entonces no se ha movido: en una era en la que las grandes estrellas migran entre Inglaterra, Francia y España, ha construido toda su carrera en un mismo club.
Juega en el centro del campo, en la zona donde se decide casi todo y casi nadie se fija. No es la goleadora de las portadas ni la extremo que levanta al público con un regate, aunque hace las dos cosas cuando hace falta. Su talento es más sutil: entiende el espacio antes de que exista. Recibe entre líneas, gira hacia el terreno libre y aparece en el área para rematar la jugada que ella misma empezó tres pases atrás.
El reconocimiento llegó en forma de récord. Ganó el Balón de Oro femenino en 2023, 2024 y 2025, tres ediciones seguidas: es la primera futbolista de la historia en levantarlo tres veces. Sumó además el premio The Best de la FIFA en 2023 y 2024, el de mejor jugadora de la UEFA en 2023 y, en 2024, se convirtió en la primera futbolista en ganar el Laureus a la deportista del año.
El punto de inflexión de su carrera, y del fútbol femenino español, fue el Mundial de 2023. España conquistó su primer título mundial y Bonmatí fue elegida mejor jugadora del torneo. Lo que en los clubes ya se sabía quedó certificado ante una audiencia global.
Si hacía falta una prueba de su carácter, llegó en 2025. A dos días de que España viajara a la Eurocopa, se supo que había sido hospitalizada por una meningitis vírica. Recibió el alta antes del torneo, se incorporó al equipo y marcó el gol de la victoria en la prórroga de las semifinales ante Alemania, el que metió a España en la primera final europea de su historia. La final se perdió en los penaltis ante Inglaterra pero, una vez más, Bonmatí fue elegida mejor jugadora de la competición.
Es, hoy, el rostro de un deporte en plena explosión. Su carrera coincide con el salto del fútbol femenino español de los márgenes al centro de la conversación, y ella encarna ese cambio mejor que nadie: técnica de élite, una sola camiseta, compromiso fuera del campo y una serenidad que convierte la presión en juego. A sus años, lo más probable es que lo mejor esté por venir.